Manuel, la mota y la montaña asesina
SOCIEDAD

Manuel, la mota y la montaña asesina

¿Sueñas con dejar tu trabajo godín y escaparte a las montañas de California a cortar y fumar mota? Antes de empacar tu mochila, lee esta historia

Por Alex Castaño

Ilustración: José Alfredo Antillón Reyes

Para Manuel Sesma, irse de trimmer al gabacho parecía sencillo. Escuchaba historias de mexicanos que, con visa y pasaporte, cruzaban a California a ganar miles de dólares en menos de cuatro meses. 

El 1 de enero de 2018 la legalidad de la marihuana recreativa convirtió al condado de Humboldt, California en una mina de oro verde para los trimmers o, en español, cortadores de mota. En los medios anunciaron la aventura millonaria de trabajar en el llamado triángulo esmeralda donde operan más de 32 mil sembradíos de cannabis. 

El trabajo de un trimmer parece cómodo y monótono. Solo basta cortar y separar los cogollos de marihuana, rodeado de bosques de secuoyas. Y claro, fumar infinidad de porros de mota de la calidad que acostumbra Snoop Dog. Pero una oscura realidad encontraría a Manuel unos meses más tarde. 

Manuel cruzó desiertos y ciudades hasta llegar a las montañas del norte de California en septiembre del 2018. “Me fui de Monterrey al otro lado a jalar en la construcción. Ganar 200 dólares por una libra de mota cortada, mientras estás sentado fumando, sonaba mejor que trabajar, por 14 dólares la hora, instalando pisos bajo el sol de Dallas, Texas”, comenta.

La temporada de trimmers comienza en otoño, cuando las flores de marihuana están listas para ser cortadas. Manuel descendió del autobús en el condado de Eureka y pronto sintió el aire helado del bosque penetrar en sus pulmones. Hacía mucho frío y la soledad de la montaña le causaba la misma paranoia que genera el THC en algunos consumidores. 

Se había fletado a ir a la montaña sin la ropa adecuada; pero a Manuel todo se le hace fácil.  No paraba de escuchar a Johnny Cash en sus audífonos. Le parecía el soundtrack perfecto para completar su fantasía rockabilly. Con los jeans desgarrados, las botas llenas de lodo y la única chamarra jodida que traía con un parche de Motorhead en la espalda, enfrentaría el crudo otoño del norte de California.

Sintió la seca y se animó a entrar al bar local por una cerveza. “Puro barbón con cara de malo. Al principio me dio algo de miedo pero a los dos meses ya me estaba agarrando a madrazos con dos o tres”, recuerda. Manuel encontraba a los habitantes de la montaña sigilosos y evasivos, tal vez por eso se intentó ligar a la esposa de un granjero. 

Camino arriba, rumbo a la granja donde había conseguido trabajo gracias a un amigo, la presencia de un coche abandonado y quemado a orillas de la carretera le recordó a los cárteles de droga en México.

El triángulo esmeralda fue refugio de hippies de los años 60 que pronto encontraron la posibilidad de cultivar y vender. Este mundo idílico atrajo a muchas mafias internacionales. 

Hoy en día, aun con los cambios que trajo la legalización, esta región es conocida como la montaña asesina. El aislamiento y la crudeza de sus parajes hacen muy fácil resolver los conflictos a punta de pistola. 

Cuerpos abandonados y no identificados son devorados por la montaña. Humboldt tiene la tasa más alta de personas desaparecidas en el estado de California. Incluso Netflix tiene una serie documental llamada Murder Mountain en la que se cuenta la historia de los familiares de un trimmer desaparecido.

La primera señal que tuvo Manuel de esta realidad fue cuando sus dos compañeros trimmers españoles se quejaron de las terribles condiciones en las que el dueño de la granja los tenía viviendo. “A mi me valía madre dormir a 0 grados en una tienda de campaña a la intemperie e ir a un baño de pozo; pero los europeos se sentían tratados como animales”, relata. 

Los españoles tuvieron que abandonar la granja a punta de rifle a las 2 de la mañana en medio de la nada, a más de cinco horas a pie del pueblo más cercano. Qué más da, los trimmers son desechables. Al día siguiente llegaría al pueblo otro iluso buscando el sueño marihuano. 

Manuel continuó cortando y fumando. Pronto aprendió que si sacas el trabajo – y dejas a sus esposas en paz- puedes tener buena relación con los granjeros. También  se enteró de que hay granjas donde las cosas pueden ser mejores, o peores. Es cuestión de suerte y mucho aguante. “La soledad de la montaña puede joderte en muchas maneras”, comenta. 

Muchos trimmers trabajan una temporada y no regresan. Manuel no. El dinero fácil, las peleas en bares, el whisky y los romances pasajeros lo hacían sentirse muy en casa. Este año será el tercero para Manuel en el norte de California. Ha hecho amigos que le aseguran trabajar en granjas más justas y con mejores condiciones. 

Se refugia en las montañas unos meses y regresa a Monterrey cargado de dólares a visitar a los suyos. El sueño americano del trimmer sí es posible; solo tienes que tener la piel para aguantarlo; y una buena chamarra. 

 

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abril 28, 2020

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