Soy periodista, fumo mariguana y quiero una legalización que rompa los estigmas 
SOCIEDAD

Soy periodista, fumo mariguana y quiero una legalización que rompa los estigmas 

Editorial del número 12 de la revista Lagarto, Especial Cannabis

Por Alba Calderón

Ilustraciones: Correoppola

Fumo mariguana para calmar mi ansiedad desde hace 10 años. Debo reconocer que me ha distraído de mucho y que me ha costado una estigmatización constante. Hay consecuencias buenas y malas que me ha dejado fumarla. Empecé a consumirla solo de vez en cuando. Como muchos consumidores en sus inicios, sentía mi conciencia tranquila porque solo fumaba de la que me regalaban.

Sé que hay personas que cuestionan la responsabilidad social a usuarias como yo, porque para consumir, la mayoría tenemos que comprar mariguana ilegal. A los mariguanos nos cargan los estigmas y los muertos. Pero basta reflexionar un poco para advertir a los verdaderos responsables. 

En México, la cannabis tiene casi 100 años prohibida. El expresidente Álvaro Obregón la declaró ilegal en 1920 bajo la Norma y disposiciones de productos que pueden ser utilizados con el fin de degenerar a la raza.  

Los principios para prohibir la planta en Estados Unidos en 1937 no fueron muy distintos, pues advertían que una sola fumada podía convertir a las personas en violadores y delincuentes. Pese a que no existe evidencia científica que haya comprobado en el último siglo que la planta cause alguna degeneración racial, las mentiras que sostienen su prohibición siguen vigentes.  

Soy periodista, desde hace 13 años busco respuestas e información. México le declaró la guerra a las drogas casi al mismo tiempo que yo empecé a ejercer mi profesión. Las historias de desapariciones, asesinatos, feminicidios, infanticidios, corrupción e impunidad se repiten desde entonces en mis entrevistas, en los textos que escribo y las imágenes que grabo.

La guerra que declaró el expresidente panista Felipe Calderón ha sido una estrategia por demás criticada. A 13 años y más de 200 mil desaparecidos (según estiman organizaciones ciudadanas) y unos 120 mil muertos según cifras oficiales, sabemos que se sostuvo con acciones más ilegales que el mismo consumo de drogas. 

La operación Rápido y Furioso es un ejemplo de esto. Se trató de una estrategia con la que los gobiernos de EE. UU y  México permitieron a las empresas armamentistas vender a los sicarios mexicanos unas 2 mil armas, con la “intención” de rastrearlas. A través de organizaciones ciudadanas se supo que tan solo entre 2006 y 2011 se permitieron unas 10 ventas masivas del tipo. 

Yo también reconozco dañino el humo de la mariguana en mi garganta. Conocer todas sus virtudes y daños también debe ser el propósito de los próximos años, cuando se retire el estigma de la ilegalidad que ha cargado la mariguana en el último siglo. 

Tampoco hay argumentos científicos que sustenten la prohibición

Hace tiempo, tras sobrevivir múltiples conflictos familiares y laborales que estaban más allá de mis posibilidades, la psicóloga que en ese momento consultaba intentó canalizarme con un psiquiatra para que me recetara antidepresivos o ansiolíticos. Yo, que fui medicada con ansiolíticos hace algunos años y recordaba nada agradable la experiencia, me rehusé y le dije abiertamente que no me sentía cómoda con esa posibilidad, que prefería seguir fumando mariguana para relajarme. Y cambié de psicóloga hace unos meses.  

Los ansiolíticos y antidepresivos pueden ser benéficos para una gran parte de la población; sin embargo, según datos del Instituto Nacional de Neurología, hasta el 30% de los usuarios no responden positivamente a estos tratamientos. Prefiero fumar un porro que me permita llorar, a un ansiolítico que me haga sentir descolocada. 

Creo que los beneficios de fumar mariguana para mí han sido más que las repercusiones. Hace poco, obtuve información certera al respecto en los foros sobre la mariguana organizados por la senadora Jesusa Rodríguez. En ellos prometieron “la mejor ley” que regule la cannabis en México e invitaron a varios especialistas en el tema. Ricardo Tapia, doctor en bioquímica  e investigador de fisiología celular de neurociencias de la UNAM, aclaró el panorama científico:

La mariguana, igual que otros psicoactivos, actúa en los neurotransmisores encargados de producir placer, como la dopamina. Sin embargo, a diferencia de otros, no se conoce ningún caso de alguna persona que haya muerto por sobredosis de mariguana. Aunque un estudio vinculó el uso de la cannabis, desde temprana edad, con la disminución del coeficiente intelectual, hay otros estudios contradictorios que advierten que no hay relación entre el uso de la planta y el IQ. También han advertido que el uso constante, y a temprana edad, en pacientes con cierta predisposición genética, puede desencadenar procesos esquizofrénicos, depresivos o psicóticos, pero aún no se ha comprobado que sea la planta la causa de ninguna de estas condiciones.  Con el tiempo los consumidores crónicos de mariguana pueden tener nauseas y problemas estomacales. 

A la pregunta de ¿qué tan adictiva es la mariguana? el doctor Tapia contestó así: “32% de las personas que fuman tabaco se convierten en adictos; 15% aquellos que consumen alcohol; 9% de los que consumen mariguana y también el de quienes toman ansiolíticos. La planta causa el mismo efecto adictivo que varios de los ansiolíticos recetados, y menos que el tabaco y el alcohol”. 

La Santa Rosa que no es mariguana

Es momento de admitir que prohibir la mariguana no ha servido de nada. El ejemplo de los Otomíes puede servir para dimensionar cuánta estigmatización genera prohibir la cannabis. Jorgelina Reinoso Niche ha estudiado los usos de la planta conocida como Santa rosa en la sierra de Puebla. Se cree que la planta la empezaron a usar con la llegada de los españoles y la fueron incorporando en sus recetas como parte de sus rituales para diagnosticar enfermos, sanarlos y también para sus celebraciones. 

“Le dicen la Santa rosa y la comen no la fuman. La planta elige a la persona que puede cantar. Entran en trance y cantan. Comerla es comer la deidad”, explica Jorgelina.

Aunque los efectos psicoactivos de la cannabis pueden ser más intensos cuando son ingeridos, el uso cultural que los Otomís le han dado la coloca frente a ellos como una planta totalmente medicinal distinta a la mariguana. Ellos aseguran que la Santa rosa solo sería mala si se fumara.  “La mariguana te envicia, pero la Santa Rosa le adivina la vida a la gente”, afirmó. 

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abril 28, 2020

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