Las guardianas de Vistas-Terranova
SOCIEDAD

Las guardianas de Vistas-Terranova

¿Cómo surge un grupo de mujeres autodefensa en Nuevo León?

Por Alma Vigil

Fotos Raymundo German

Hace más de cuatro años, en una colonia muy, muy lejana llamada Vistas del Río vivía un villano enmascarado de héroe. Solía ser policía y enfrentaba el mal. Un día, no se sabe cuándo, se dejó llevar al lado oscuro de la fuerza, como muchos otros policías de Nuevo León. Más tarde se retiró del cuerpo policiaco.

Durante el día era un vecino regular del fraccionamiento ubicado en el municipio de Juárez; o eso creían los demás, porque llevaba a sus hijos a jugar con un equipo de futbol local. Al llegar el crepúsculo, como un vampiro o un hombre lobo, despertaba su otro yo.

El modus operandi era así: detectaba a sus víctimas –jóvenes y con niños pequeños- y, puntual, a las 4.30 a. m, se las ingeniaba para escabullirse a sus hogares. A esa hora los transportes recogen a los trabajadores que van a las maquiladoras cercanas.

Una vez con el esposo fuera, si las mujeres no accedían a tener sexo con él, las amenazaba con matar a sus hijos con un cuchillo que blandía en frente de ellas. Algunos niños fueron tomados como rehenes y amordazados, mientras el villano violaba a sus madres y las hería en las piernas y en la vagina con el arma, que de blanca no tenía nada.

Cuando terminaba de ultrajarlas, las llevaba a la regadera y las obligaba a bañarse. Nunca dejó huellas. Las únicas evidencias de las víctimas para comprobar la verdad eran sus testimonios. Pero de las más de 60 víctimas registradas hasta hoy, nadie decía nada por pena o por temor. En un fraccionamiento donde habitan más de 28 mil personas, nadie sabía quién era, ni mucho menos que alguna vez fue policía. Así, el villano siguió sin que nadie pudiera detenerlo.

El despertar de la fuerza

La madrugada del domingo 23 de marzo del 2015, una vecina, conocida entre la colonia como una mujer católica devota, fue violada por este sujeto. Ese domingo en la mañana era la primera comunión de su hija. La niña tuvo que acudir sola a la iglesia, mientras su mamá estaba hospitalizada con cortaduras en sus genitales.

Las amenazas del expolicía violador no la habían frenado para pedir ayuda. Gritó como pudo y los vecinos salieron en su auxilio, porque la ambulancia, dicen testigos, tardó mucho tiempo en llegar. El atacante ya había huido sin que nadie lo viera.

En el transcurso del día más víctimas hablaron y entonces los vecinos, hartos y cansados, con más coraje que con miedo de tanta inseguridad, aún y cuando ya había pasado la guerra contra el narco, formaron un propio grupo de vigilantes. Lo llamaron Guardia ciudadana.

Sergio Rey González, vecino, padre de familia y administrador de empresas y José Guadalupe Aguada, exministerial jubilado, comenzaron a agrupar a vecinos. Sin embargo, desde el primer momento, las mujeres tomaron la batuta; o los bates; o las escobas; o los sables láser de juguete de sus hijos; o lo primero que vieran para defenderse de los malhechores. Siempre juntas.

Son mujeres y madres que se quedan solas mientras sus esposos trabajan. Están hartas de que por ser mujeres tengan que sufrir violaciones y ataques.

Hasta ahora hay dos mil guardianes ciudadanos -800 hombres y mil 200 mujeres- en Terranova y las colonias circundantes que son Vistas del Río, donde hubo más violaciones registradas, Ocania, Mirador del Río y Riberas del Río.

Están tan organizados que los entes malvados lo pensarán dos veces para cometer sus fechorías en los alrededores resguardados por la Guardia ciudadana.

Sergio Rey González.

Alianza rebelde

La Guardia ciudadana se proclama como un grupo de autodefensa desarmada. No usan pistolas ni “armas blancas”. En un municipio que ha crecido exponencialmente, al igual que el crimen, pareciera que esta es la única respuesta.

Los elementos de seguridad son insuficientes o ineficientes, al igual que el número telefónico 911 que le costó 85 millones de pesos a Enrique Peña Nieto, presidente de México. La organización que implementa la Guardia ciudadana sí funciona.

“En cada sector hay equipos de guardianes por calles. Aquí en la privada Miramar, cada calle tiene su vocal y nos dividimos de dos a tres personas por calle para tener una vigilancia”, dice Angélica Díaz, presidenta de la Guardia ciudadana, en entrevista.  

“Nos manejamos con silbatos. Cuando hay un problema ya identificado sonamos el silbato. Al oírlo sabemos que hay algo que no está bien. Hacemos frente al sospechoso. Con ese simple hecho hacemos notar que hay vigilancia. Además ya tenemos cámaras. Así sabemos quién sale y quién entra”, añade.

El infame violador no fue el primero ni único problema de Terranova y sus alrededores. “Durante siete años (que tiene de existencia la colonia) ha habido muchos asaltos, robos a casa habitación y otras cosas que son difíciles de contar”, dice Indira Guadalupe, una de las vigilantes que, aun y con su apariencia dulce, sabe bien cómo defenderse.

Por su parte, Isabel, otra de las guardias, comenta los retos de tener tranquilidad en donde viven. “Es difícil para nosotras como mujeres emprender una guardia ciudadana. Hay varones que nos apoyan. Están al cien con nosotras y nos sentimos protegidas. Pero lo que más nos preocupa son nuestros niños”.

Aunado a una población flotante que se incrementa y a la migración, otro problema que han tenido es el de los posesionarios. En Juárez, según datos del Infonavit, hay 13 mil 300 casas abandonadas. En este tema enfatiza Rebeca López, una vecina que recién se involucra con la Guardia.

“Ahorita tenemos un grave problema con los posesionarios. Hay muchos y nadie hace nada. En el sector donde yo vivo nadie está unido. Me impresiona cómo se unieron aquí. Pusieron cámaras y mantienen limpio”, opina Rebeca.

Rolando Garza, un joven profesor y uno de los pocos hombres de la Guardia, cree que las mujeres necesitan más apoyo. “Está mal que la mayoría sean mujeres porque  aunque trabajamos y llegamos tarde a casa, es nuestro deber asegurar que nuestra familia duerma tranquila. El día de mañana me gustaría que mis hijos pudieran andar con seguridad en las calles”.

Angélica Ávila.

Una nueva esperanza

Las guardianas de Terranova han ganado su primera victoria contra el malvado violador serial. Organizaron varias protestas. Las más de 60 víctimas denunciaron sus casos, pidieron apoyo internacional y gracias también a la difusión de los medios de comunicación locales, poco a poco el gobierno volteó a verlos y a escucharlos.

Durante mucho tiempo solo recibieron críticas por parte del gobierno de Rodrigo Medina y después del de Jaime Rodríguez Calderón, quien les respondió con comentarios machistas como que las mujeres habían provocado ser violadas.

Un día, cuando la Guardia ciudadana ya estaba oficialmente formada, un integrante vio muy sospechosa la actividad atípica de su vecino. Él y otra víctima que reconoció al violador serial, lo denunciaron y los ministeriales llegaron por él. Fue identificado como Sergio Iván Posadas Espinosa, quien confesó las agresiones. Ahora está internado en el penal del Topo Chico y está sujeto a proceso. Pero no se sabe si con el nuevo sistema judicial salga libre. Mientras que muchas de las familias de las víctimas fueron destrozadas después de las violaciones.  

Aun así, gracias a la unión de la Guardia ciudadana, los vecinos de Vistas-Terranova han podido asegurar sus viviendas.

No saben si cuando el atacante salga libre irá contra ellos para vengarse. El futuro es difícil de predecir; pero si lo hace, ya hay un grupo hombres y sobre todo de mujeres, preparados para enfrentarlo de nuevo.

Isabel e Indira Guadalupe.

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marzo 14, 2017

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