Isha y Ray, dos historias trans(gresoras)
SOCIEDAD

Isha y Ray, dos historias trans(gresoras)

La diversidad sexual es apabullante ahora porque vivimos tiempos de obligada apertura. Cada vez caen más tabúes antiguos. Ya no aceptamos ser catalogados con una etiqueta y las posibilidades de ‘ser’ son infinitas

Por Lucrecia

Fotos Manuel Montalvo

En el momento en que diviso a Isha por primera vez, me doy cuenta de que todos mis años de tener vagina no me han servido para nada. Ninguna revista Cosmopolitan comprada en mi adolescencia; ningún centavo de mi dinero adulto gastado en maquillaje y ni los tres pinches ‘maniquiurs’ en la Estética D’Laura que he experimentado en toda mi vida me redituarán como lo que tengo enfrente. Una chica de 24 años con una sonrisa fresca, cabello largo y rebelde que agita aún más cuando tiene la razón. Un cuerpecito que anda entre ninfa y amazona, natural, con esa belleza particular que solo da la seguridad.

En el Día de la Mujer no puedo pensar en un ejemplo más adecuado que describa a mis congéneres que Isha, una chica trans. Una mujer que nació en el cuerpo de un hombre. Cuya vida entera es un proyecto de construcción constante alrededor de un ideal. ¿Acaso no es esa la perfección de la esencia de una mujer?

Una persona transgénero es aquella que busca ser del sexo opuesto al que nació y adopta la identidad del género opuesto. Transexual es quien busca ser del sexo opuesto al que nació y cambia sus genitales a través de una operación de reasignación de sexo.

Ambos conceptos son para que un ser humano sea consistente en su experiencia interna y su apariencia externa.

“No es malo ser transgénero”, me ilustra Isha en el arte de la tolerancia. “No es un pecado ni somos fenómenos, al contrario, es algo natural, que te hace diferente. En el transcurso del cambio se nota que no eres mujer; pero los demás tienen que respetar porque llevamos un proceso muy difícil, tanto mental como emocional”.

Isha creció siendo niña, jugando con muñecas, a los peinados, a los novios, a las novelas y otras actividades girly, que aunque no definen a todas las mujeres, son relacionadas con ellas.

“Sé que nunca voy a tener un ciclo menstrual o tener hijos. A lo mejor muchas mujeres dirían ‘qué loca’; pero a mí sí me gustaría tener una regla para sentirme una mujer completa, pero mi psicóloga me ayudó a entender que soy una mujer diferente. Nací con un cuerpo de hombre, pero mi mente, mi alma y mi ser, son de una mujer. Le guste a quien le guste. Mientras yo me sienta feliz, así será”.

Y si no lo podemos concebir, nuestra única alternativa es tolerar. Cada vez que veo a una morra cantando a todo pulmón rolas de la Arrolladora, Jenny Rivera o del Komander, desde mi perspectiva roquera me pregunto: “Ay, mana, ¿por qué eres así?” No lo comprendo porque mi mente de Black Sabbath, Led Zeppelin y Metallica no me da para eso; sin embargo, coexistimos, toleramos y aceptamos que hay gente con pésimo gusto musical.

Hace 21 años, Ray nació con otro nombre. Nació siendo niña y entre niñas creció. A los pocos años descubrió que se sentía como un hombre. Fue una familia conservadora en un pueblito tamaulipeco la que sufrió el embate de una adolescente precoz que cuando ya no pudo más, arriesgó lo mucho o poco que tenía para trascender.

No puede negar que fue mujer; que nadó a contracorriente; que su alma rebelde está destinada al activismo y a la difusión de un tema delicado que por desgracia tiene que ver con lo más privado de un ser humano: su sexualidad.

“Yo pensaba que era un castigo ser diferente. Yo solo quería estar en el cuerpo de un muchacho”, rememora Ray con la mano en el corazón, un ademán que inconscientemente le da seguridad y revela que dice la verdad y nada más que la verdad.

Aunque Isha se siente una mujer diferente y aunque a Ray le queden muy pocos rasgos femeninos, ellos dos, tú, yo y todos tus amigos, crecimos en el mismo patriarcado y machismo mexicano que nos acechará como un fantasma por siempre.

“Los hombres se ponen a decirme a mí lo que un verdadero hombre hace. Como que piensan que los quiero imitar “, dice Ray, quien ha sufrido la misma discriminación al lucir de un género o de otro.

“A un hombre yo le digo que soy trans y ellos dicen ‘Ah, pues claro. Los hombres somos la mamada’ o ‘Sí, está bien; pero nunca vas a ser lo mismo que yo’”.

“Para muchos hombres”, dice Ray, refiriéndose a un organigrama machista, “primero están los hombres hetero, luego los hombres homosexuales, luego los hombres trans y al final todas las mujeres y sus clasificaciones. Nunca vas a ser su par. Siempre es para abajo. Nunca entendí por qué es así, que el ser mujer sea lo más ofensivo. Por eso el trato es distinto cuando eres mujer a  cuando eres hombre. Entre broma y broma los machistas siempre denigran a las mujeres”.

En el mismo tono, Isha también acepta que el machismo es un cáncer, que incluso cuando lucía como homosexual nunca fue molestada, pero ahora, al verse como una chica, es acosada y denigrada.

“Lo más difícil de ser mujer es lidiar con el acoso del hombre porque no todas las chavas son tan fuertes. Como transgénero, a mí ya me han querido tocar. El miedo de salir a la calle y que te hagan algo es un miedo general entre todas las mujeres. Hay veces que te quieres vestir supersexy, un escote, una falda o un vestido súper entallado, para sentirte bien tú misma y no puedes porque los hombres no lo entienden así”.

Pero a pesar de la lata que da la menstruación, la brecha salarial de género, el cáncer de mama, de las desaparecidas y violadas; de que en un accidente automovilístico el oficial de tránsito asuma que es culpa de la mujer porque “las viejas no saben manejar”; o de que con la edad se nos caigan las nalgas; ser mujer es una chulada.

Lo sostiene Isha, quien se dedica a la moda y asume el feminismo no como heredado sino como derecho natural.

“Todas tenemos que amarnos primero, apapacharnos.Yo valoro un chorro mi cabello porque siempre lo había querido así. Todos los días me veo y me digo: qué perra, qué bonito cabello, qué bonita estoy, qué perra. ¡Vámonos ya! Tenemos que valorarnos por lo que somos y por lo que podemos hacer”, asegura Isha empoderada.

A Ray se le llenan los ojos de corazones y admiración, y sonriendo acepta: “Me encanta cuando las mujeres no se callan; cuando no siguen el juego de cotizarse. Mujeres que se arriesgan a anteponer su carrera antes de lo que espera la sociedad de ellas. Una mujer con prioridades y con metas es lo mejor”.

Tambaleando entre cambios psicológicos y físicos y arriesgando su integridad para defender sus derechos, Isha y Ray no deambulan en la marginalidad social. Ambos experimentan, respaldan y activamente impulsan la magnificencia que implica ser una mujer, y al igual que las mujeres, no se rajan.

Por eso, en el Día de la Mujer, brindemos por quienes nacieron en el cuerpo equivocado. Por las que han sido mujeres toda su vida y por las que buscan transgredir y trascender.

*Le pone play a Mujeres de Ricardo Arjona* NOT!

 

Comments

comments

marzo 14, 2017

About Author

admin


lagarto no. 3 (PDF)
lagarto no. 3 (PDF)
wordpress statistics
lagarto no. 2 (PDF)
lagarto no. 2 (PDF)
Lagarto no. 1 (PDF)
Lagarto no. 1 (PDF)
Sigue a LAGARTO
MÁS FOTOS