Hacen el bien sin mirar a quién
SOCIEDAD

Hacen el bien sin mirar a quién

Aún y con un calor de más de 40 grados, los masajistas de la Macroplaza están al pie del cañón para combatir el estrés regiomontano

Por Yulisa Garza

Fotos: Violeta Banda

En la cotidianidad de la ciudad, el estrés que carcome a los habitantes es el villano que combate un grupo de héroes aliviando uno de tantos problemas: el dolor muscular causado por la vida urbana.

Estos temerarios son los masajistas con capacidades diferentes que día a día trabajan en la Macroplaza.

A la altura del kiosco frente al Palacio Municipal, se ven a lo lejos unas sillas especializadas y personas vestidas de blanco que masajean las nucas y espaldas tensas de sus clientes. Personas que caminan o pasean por ahí no dudan en pedirles sus servicios para aliviar el estrés.

Juan Manuel Velázquez de 64 años es masajista desde hace 12 años. Él perdió la vista luego de haber estado en un choque automovilístico en el 2004. Cuenta que esta situación, aunque fue muy difícil para él, nunca lo detuvo para salir a delante.

Aprendió este oficio gracias a la Asociación Regia de Terapeutas, Esteticistas y Cosmiatras, A.C., una escuela para gente con discapacidades.

Él trabaja en un horario de 12 a 21 horas. Los masajes duran 15 minutos y trabaja cabeza, nuca, brazo, espalda y pies. Los domingos son sus días más ocupados en los que ofrece el doble de masajes de los que acostumbra. Entre semana llega a dar cerca de diez masajes. Estos tienen un costo de 50 pesos y 100 pesos el de pies.

Don Juan cuenta que aprecia aliviar los malestares de la gente que queda muy agradecida con el masaje. Por el contrario, ha tenido también malas experiencias, sobre todo por la competencia desleal que muchos compañeros hacen.

Otro de los masajistas es Cristian Samuel Pérez de 29 años. Al igual que Juan quedó invidente luego de un accidente de auto. Él llegó de Guerrero para trabajar en Monterrey; pero en su camino se detuvo en la capital donde aprendió a dar masajes en la Escuela Nacional para Ciegos.

Lleva dando masajes más de 10 años y todos los días llega puntual a las 10 de la mañana. Sus días más ocupados son siempre los fines de semana, en los que llega a dar hasta 22 masajes.

No todos los masajistas son ciegos, pero sí sufren de alguna discapacidad auditiva o física. Tampoco pertenecen a ningún sindicato. Ellos son sus propios dueños.

Este espacio de trabajo surgió gracias a que algunos masajistas lo solicitaron a la Presidencia Municipal. Les dieron masajes de muestra y, así, los dejaron acomodarse a un lado del kiosco. Hoy son conocidos por relajar, tan siquiera un poco, la vida de los regiomontanos.

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Mayo 16, 2017

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