Editorial abril: Éxodo
SOCIEDAD

Editorial abril: Éxodo

El verdadero problema ante las deportaciones de connacionales de territorio estadunidense no radica en el regreso de los mexicanos a su patria; sino en el porqué se fueron de México. Primero la amenaza de Trump y ahora la realidad que viven los migrantes han dejado ver que el intentar radicar en otros países se debe a que en el suyo no hay garantías de una vida digna, representada por un trabajo estable y bien remunerado.

        No se trata solo de personas que realizan “trabajos que ni los negros quieren hacer”, como dijo el “preclaro y brillante” expresidente Vicente Fox. Esta situación involucra una enorme fuga de cerebros: científicos, doctores, ingenieros y demás mexicanos que contribuyen a hacer grande a Estados Unidos mediante sus conocimientos.

        Y es que la profunda corrupción y la impunidad son males enraizados  en el gobierno mexicano encabezado por priistas y panistas. La plaga de la burocracia, sindicatos que no defienden a sus agremiados y cuya existencia se explica únicamente por los votos en tiempos electorales; la ineficacia e incompetencia de los servidores públicos, la grilla entendida como política, la mentira, el engaño y la simulación, entre otros lastres, causan desilusión, desesperanza y coraje entre el pueblo que no tiene otro camino que huir al extranjero, con papeles o sin ellos.

        Jornadas agobiadoras de trabajo con un salario mal remunerado, alto índice de deserción escolar, el narcotráfico y la inseguridad, la venta de las riquezas naturales, la industria minera y petrolera a manos extranjeras o cúpulas de poder, el abuso de los bancos… Problemas aunados a ignorancia, pasividad y a la falta de conciencia crítica, son otras de las causas de la migración.

        Ese es el panorama que encuentran a su regreso los que alguna vez se fueron en busca de mejores oportunidades, es decir, la situación en México no ha cambiado, sigue siendo la misma que los hizo algún día marcharse. Al gobierno mexicano, y menos al de Peña Nieto,  no le interesaba la condición de sus hermanos mexicanos en el extranjero porque enviaban remesas de dinero a sus familiares en lugar de que el gobierno les proporcionara condiciones aceptables para un digno vivir en su propia tierra.

        Ahora, sin remesas y sin alternativas viables para aquellos que regresan de su éxodo, el gobierno mexicano y los gobiernos de los estados se encuentran en un callejón sin salida. Un país sin crecimiento, agobiado por el narcotráfico y la violencia, por la sevicia de los poderosos, sin alimentos sanos (la Coca Cola no lo es, ya sabemos), sin atención médica suficiente, con fondos de pensión escamoteados, no puede garantizar una vida digna para los mexicanos, deportados o no.

        El éxodo se revierte y México no es la tierra prometida. Oh my God.        

ArV

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abril 8, 2017

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