Copa del Norte, un oasis cannábico 
SOCIEDAD

Copa del Norte, un oasis cannábico 

Esto es lo que recordamos de la Copa del Norte, donde compiten las mejores cepas del país, porque fue un hornazo de dos días 

Texto y fotos: Alma Vigil

19 de abril 2019

En realidad, la primera Copa Cannábica del Norte, comenzó un día antes con una atizada de alto nivel organizada en una casa artsy de San Pedro. Atraídos por una estela nebulosa con aroma a divinidad, gravitaron siete de los pachecos más experimentados hacia la cata, dirían los más propios del lenguaje. 

Desfilaron uno a uno hacia el comedor como si siguieran la melodía de El Flautista de Hamelín. Estas eminencias del cannabis (según Dani Grower, uno de los organizadores) desempeñarían el papel de juez cannábico, un elemento crucial en la copa. 

El guía era Gastón Durana de Uruguay, un gurú con toda la pinta: cabello largo, barba de plata, una voz apacible, cultivador y ganador en varias copas cannábicas. El resto eran Alexander Zuluaga, Polita Pepper, Eduardo Zafra, Ana Ibarrola, Héctor Becerra y Erick M.  

Gastón Durana.

Polita Pepper, activista.

Andaban bien armados con los ingredientes esenciales de siempre para la fumanchera como bongs, papeles, grinders; y otros más tecnológicos como lámparas con cámara macro integrada, laptops y vaporizadores. Ni Flash fue tan rápido como estos héroes sin capa al lanzarse directo a los frascos llenos de las mejores y más potentes cepas del país. 

Eduardo Zafra, documentalista y Ana Ibarrola del Blog Cannábico.

Dios es siete, dice Pixies. Más de siete horas fumaron las 17 flores y 17 extractos que participaron en las categorías de la Copa del Norte: flor exterior, flor interior, extractos con y sin solventes y rosin. 

Suena envidiablemente maravilloso pero si un mix de malviaje con pálida, seca y paranoia te ataca, ese sueño puede convertirse en pesadilla. Abundan historias de personas que terminaron en el hospital por la paniqueada de andar tan high y creían que se iban a morir.

Así le pasó a Alex, el primer juez caído. Cuando salió tambaleándose a tomar aire, trataba que no se le resbalara la pizza que sostenía con su mano temblorosa. Se le bajó la presión en un break después de la primera etapa, la de las flores. Todavía faltaban los extractos. Muy a huevo se recuperó para la segunda etapa, pero lo logró. Más tarde, por fin aceptó el abrazo de Morfeo y se fue a dormir en el suelo. 

Los jueces efectuaron un análisis sensorial minucioso: ver, tocar, oler, probar y escuchar los deliciosos sabores al quemarla, para después evaluar la potencia. Era un asunto serio, sin música y sin cerveza, con un silencio predominante entrecortado por las observaciones de los jueces, entrevistas de la prensa, pláticas de los organizadores y las burbujas de un bong

Conforme fueron avanzando los dígitos del reloj, los jueces pasaron de estar frescos como lechuga a verse más tostados que el bronceado de Roberto Palazuelos. Como pudieron conservaron la compostura y la elocuencia. Minutos después de la 1 de la madrugada, finalmente llegaron a su verde veredicto… 

20 de abril. O sea 4/20

Llegar al spot secreto donde sería la Copa del Norte provocaba una incertidumbre parecida a la de Kate del Castillo cuando iba en camino a conocer al Chapo. Era un road trip a ciegas con una ruta estratégica: desde el punto de reunión en la Carretera nacional, salía una van y se adentraba entre árboles y ríos para llevar a los asistentes hacia una quinta en el municipio de Santiago. 

Tomaron esta y otras medidas para prevenir paletas, como un cover de 500 pesos con registro previo y nada de alcohol. Pero sin importar toda la seguridad que tuvieran, asistir a la Copa del Norte, tanto para los organizadores como para los asistentes, resultaba sospe y riesgoso, en especial, si te acababas de fumar un porro. 

En Nuevo León, las heridas por la guerra contra las drogas permanecen abiertas y en el país aún no hay regulación en las leyes respectivas. 

Sin embargo, hubo saldo blanco, más blanco que la gran nube de humo en la entrada de la quinta, que escondía un momento histórico en el estado. 

Era un oasis cannábico para difundir la benevolencia del autocultivo, despintar prejuicios, intercambiar información y reconocer la labor de los cultivadores mexicanos, que hoy en día cargan un pesado estigma similar al de los narcos. Todo con el objetivo de que la calidad de la marihuana siga elevándose.  

El aire olía a carne asada, pero más que nada, a marihuana quemada. El calor avasallador invitaba a hacer splash en la alberca donde algunos ya se refrescaban y fumaban; a encender un blunt bajo la noble sombra de un árbol; o ir a las carpas informativas y adquirir un extracto, wax, un condón cannábico, pipas o un agua de Jamaica con gotas de CBD.

De fondo, se escuchaban los animadores Alfredo Green Screen y Naty Frecuencia Sativa que desentonaban con el evento tanto como las rolas de Zoé que pusieron. Intentaban que la pachequeada colectiva participara en dinámicas para ganar flores pero fue en vano. “Ni que fuera una boda”, se escuchó a lo lejos. Desistieron y mejor los invitaron a hacer una sola fila debajo del escenario para regalarles mota. 

El resultado de la primera Copa del Norte fue una pachequiza entre 100 personas de tan alto voltaje que a muchos les dio cortocircuito, es decir, el bajón. Tal vez por eso, el ambiente no era muy prendido, o por la falta de cerveza. Pero nadie podrá decir que no se fumó más de una mota especial, de esas que te hacen salivar al recordarlas. 

La Copa del Norte en Monterrey es la segunda copa cannábica en el país, la primera fue la Copa Cannábica Mexicana en Guadalajara en 2018. Sin duda, en el futuro será un evento que, al igual que el cannabis, seguirá mejorando, ambos gracias a la buena organización de los involucrados. 

Casi al final de la velada, llegó el momento más esperado; el de seguir fumando y ver la premiación a los cultivadores que esperaron hasta ocho meses para probar sus creaciones. Pasaron los clichés de cualquier premio: jueces suben al escenario, comentan sobre los nominados y anuncian a los campeones quienes reciben su trofeo con la emoción de Leonardo Dicaprio al ganar un Oscar, pero mejor. Si tienen suerte verán a su competencia tropezarse (eso no ocurrió).  

Poco a poco se vació el lugar y la noche terminó con un porro gigante que hizo olvidarnos de todo, menos de su tamaño.  

Ganadores: 

Flor de exterior: Destroyer, por Volcanna Organics

Flor de interior: California Cookies por Teonanacatl Farms

Rosin: Headbanger por Doe Extracts

Extracto sin solvente: Headbanger Dry Sift Rosin Sauce por Doe Extract

Extracto con solvente: Barry White BHO por Extractos del Trópico

 

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