El clóset es para las faldas
SOCIEDAD

El clóset es para las faldas

Los roles establecidos, tanto social como sexualmente de la mujer, caen como soldados vencidos, hoy la libertad y vivir en armonía consigo mismas son más importantes que llenar cualquier etiqueta

Por Alma Vigil

Ilustración Alfredo Porras Obregón

Salir del clóset es una historia muy individual. El repertorio sexual es tan diverso como cada persona y hay tantos closets como maneras de vivir. Se trata de romper con la rigidez de la heteronormatividad que fomentan las familias y atreverse a vivir una vida auténtica. Estas tres historias de chicas que se enfrentaron al mundo y que creyeron más en la libertad y en sus propias convicciones son el reflejo del universo tan variado que hay en los colores del arcoiris. No todo es blanco, negro o gris.

 

Ana, 22 años

Mis papás tienen muy arraigado el concepto religioso de que una pareja debe conformarse de un hombre y una mujer. Mi mamá pensaba que, al tener tres hermanos hombres, era normal que me comportara diferente a lo que se espera de una niña; mas desde los 10 años me di cuenta que me atraían las chicas. Entonces conocí a una chava con la que primero me llevaba muy bien y luego se convirtió en mi mejor amiga. Estábamos tan unidas que empecé a sentir algo más por ella. Un día le confesé mi amor, sin embargo, todo quedó en una amistad que hasta hoy mantengo. Así descubrí esa parte de mi. Era muy friqueante empezar a abrirme con mis amigos. Cuando me preguntaban sobre un chavo o me decían que me querían presentar a alguien, les contaba que yo tenía ciertas preferencias. La mayoría de mis amigos eran heterosexuales y al saber sobre mi identidad sexual, muchos se alejaron. Me sentía bien porque pensaba que eran falsos amigos que a lo mejor estaban cerca por conveniencia.

Mis papás se dieron cuenta que era gay cuando tuve mi primera novia formal. Hablábamos todo el tiempo. Mis papás sospechaban y una vez vieron unos mensajes de ella en mi celular. Mi papá fue el que tuvo mayor problema en aceptarlo. Le decepcionó que su única hija fuera lesbiana. Mi mamá pensaba que podía cambiar si me daba el tiempo de conocer a un chico; pero yo nunca lo intenté. A mi me gustan las mujeres y no tengo por qué cambiarlo. Poco a poco fueron conociendo a mi novia de ese entonces. Iba a la casa y terminaron por  aceptarla. Desde entonces he tenido ocho novias formales. Ahora disfruto de una relación nueva con una chica que vino de Hidalgo a visitar la ciudad. La conocí y conectamos muy rápido. Apenas llevamos un mes. Ella se tuvo que regresar y, por lo pronto, seguimos con la relación a distancia.

 

Dulce, 30 años

Yo soy bisexual. Ya sé que dicen que muchos gays y lesbianas confiesan al principio ser bisexuales, pero yo realmente lo soy. Me encantan los hombres y me fascina el sexo con ellos; pero también me gustan las mujeres. Cuando se trata de una relación, siempre prefiero a un chavo. Las mujeres somos más complicadas y, en realidad, ahora no estoy interesada en compromisos.

La primera vez que besé a una chica fue a los 17 años. Era mi mejor amiga. La verdad no me gustó. Ella no me atraía nada. Dos años más tarde, en un antro gay, me di un beso de tres con un amigo y una chava. Luego lo ignoramos y nos besamos ella y yo.

Esa morra sí me prendió. A las dos nos gustaba la fiesta y siempre salíamos. A veces terminábamos empiernadas, pero siempre fue más como amigas con derecho.

Luego conocí al último chavo con el que tuve una relación formal y me alejé de ella y de salir cada fin de semana. Él y yo tuvimos una historia muy intensa que duró seis años. Él quería casarse y yo me quería divertir.

Desde entonces he tenido diversas parejas casuales tanto hombres como mujeres. Mis amigos ya saben cómo soy y no les causa ningún problema. Mi mamá no tiene idea de que he estado con mujeres. La verdad no pienso que sea necesario salir del clóset con ella y si lo hago, no creo que le importe tampoco. Ella es muy open mind.

 

Ray, 22 años

Salí del clóset dos veces. Aunque si te pones a pensarlo, en realidad soy heterosexual. Soy un hombre que le gustan las mujeres pero que nació en un cuerpo femenino. Soy trans. Tomo hormonas para cambiar de género. Ya me están saliendo vellitos en la barba.

La primera vez que salí del clóset fue porque pensé que era lesbiana. Siendo de una familia “normal” de Matamoros, Tamaulipas, fue difícil para mis padres aceptarlo. Y lo fue aún más cuando les confesé que soy hombre y que quería tomar el tratamiento para cambiar mi cuerpo.

Ahora no les molesta esa decisión. Lo que sí les preocupa es que las inyecciones me puedan perjudicar físicamente. En Nuevo León no hay ley que avale el cambio de género y de nombre. Sí me puedo cambiar el nombre, pero tiene que ser femenino.

Fui con una psicóloga, con una doctora especialista en cambios de género y, con lo que investigué, ahora lo hago por mi cuenta.

Quisiera irme a vivir a la Ciudad de México porque allá todo el proceso de cambio de género es legal. Para cambiar mi nombre en el registro civil, tengo que comprobar mi residencia en la Cdmx. Por lo pronto, en lo que junto dinero, me quedaré en Monterrey. Tengo 22 años. Ahora no tengo pareja. Una chica me rompió el corazón hace tiempo.

 

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junio 29, 2017

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