Bajo techo
SOCIEDAD

Bajo techo

Las mujeres que se dedican a la prostitución en Nuevo León buscan resguardo de la violencia de las calles en los Open

Por Elia Martínez Rodarte

Fotos: Alma Vigil

Todas las “estéticas” o las “salas de masajes” también llamadas Open conforman un lugar común en el centro de Monterrey. Son casas con sus rituales y sus amuletos como negocio, cámaras de seguridad o vigilantes invisibles. Adentro, en un grupo de sillones agrupados a veces en círculo o en forma de ele, las mujeres yacen sentadas, semidesnudas, con vestidos ceñidos a cada pliegue y en profusión de una belleza única y particular.

Su actitud es, más bien, su atractivo y quien triunfa, no es por su cuerpo, por sus senos expuestos o por la nalga en una tanga precisa: es el rostro el que fornica; es el que lo dice todo, porque al cuerpo entero no se le puede ver con detenimiento ni tan cerca como se puede hacer con ojos y boca.

En los Open hay un sentimiento de seguridad y hasta de acomodo sororo alrededor de la televisión gigante al centro de casi todas las casas. Algunas tejen, otras estudian o hacen sus tareas, se bañan o se alistan y se acicalan mientras llegan los clientes. Es un ambiente seguro, considerando que México es un país de maltrato y trata.

Azucena tiene muchos años de trabajo en las salas open tras un breve periodo en la calle, que considera una de las etapas más tristes de su vida. -La calle te da a veces más dinero, pero el riesgo y la inseguridad están todo el tiempo, ni aunque nos cuidemos-. Una importante golpiza la dejó fuera del trabajo durante un par de meses: uno de rehabilitación y otro de vergüenza porque tuvo que ocultarse un rato de sus familiares para que no supieran ni de su trabajo, ni del riesgo que estaba viviendo por el mismo.

En las salas no todas son amigas o se ven cercanas entre ellas. Personalidades disímbolas conviven en estos centros laborales de turnos largos y veleidosos. Las cuidadoras son amables y dispuestas. Son justas y generosas en la mayoría de los casos y su amabilidad nunca les impide estar alertas. Aunque cada una sabe cómo cuidarse, también son protegidas, en un claro sentido tribal.

Un open está lleno de mujeres trabajando. Entre 6 mil y 32 mil mujeres se prostituyen en Nuevo León entre bares, cantinas, casas de masajes y sitios de Internet, según un estudio de la Organización Internacional del Trabajo. El primer cuadro de Monterrey está lleno de establecimientos en los que el servicio sexual no excede de media hora por cliente, bajo ambientes bastante controlados.

El sector salud es puntual para las mujeres que acuden cada mes a realizarse una consulta que les cuesta 900 pesos, si el resultado no es bueno, se les impide regresar a su trabajo, del cual depende una familia completa. La opinión médica pesa mucho en las decisiones económicas en muchas de estas mujeres. Y estos asuntos se convierten en escenarios en los que las trabajadoras sexuales se pueden ver sujetas a momentos de indefensión.

El apoyo al trabajo sexual con intervenciones de campañas de sensibilización sobre el VIH-sida e infecciones de transmisión sexual, como el proyecto Acodemis, se realizan de una manera profesional, consensuada y no invasiva. Sin embargo, aún y que ejercen el trabajo sexual en sitios seguros, por llamarlos de alguna forma, todos los escenarios de riesgo para las chicas son latentes. La ayuda o atención no es continua, al menos por parte de las organizaciones que dependen de presupuestos y concursos. -Muchas personas vienen a darnos condones y nosotras aprovechamos cada campaña; pero no es seguro que el cliente se los quiera poner. Nosotras tenemos la opción de decir que no- agregó Azucena.

Muchos compañeros y esposos de las trabajadoras sexuales las llevan al centro y van por ellas: asumido está que el dinero se necesita. Unas prefieren el turno de tarde para mandar y recibir a sus hijo(a)s de la escuela y acomodan el vaivén de lo cotidiano para poder trabajar de tarde a no tan noche.

Blanca tiene 27 años y va de un lado a otro a trabajar. Dice que tiene amigas en todos lados y le facilitan ubicarse. -Mi marido me trae a mediodía. Ahora no pudo porque nos entró el pánico de la gasolina-. La posibilidad de un taxi le permite llegar arreglada y en espera de una persona, un cliente leal, que hace que valga la pena el viaje de casi una hora de camino desde su casa. -Somos realistas. Falta trabajo y este es un jale que demanda mucho de una. No podemos trabajar con la regla o si nosotras o el niño se enferma-

Casi todas le son fieles a la misma casa y ya son parte de la identidad de la misma. Cada uno de los cuerpos que ahí habitan son personalidades muy particulares y cada una de ellas se describe en una historia: por sus tatuajes o por la forma de ocultar sus cicatrices; también en cómo han empoderado su cuerpo para poner y quitarse lo que sea. La desnudez es un estado al que podría ser fácil acostumbrarse; pero el frío, es un malestar ancestral.

Graciela (quien como Azucena y Blanca, eligió un alias) empezó chavita, como ella dice, pero nunca se ha acostumbrado a ciertas cosas de los hombres como que siempre quieren más de lo que pagan. Ella es una más de las que se quejan del maltrato de los migrantes, en especial los hondureños. -Vienen a hacernos lo mismo que les hacen a ellos en la calle-, comentó. Palabras más o palabras menos, otras mujeres del trabajo sexual describen experiencias perturbadoras o violentas.

-No es un trabajo cien por ciento seguro aunque se esté bajo techo. Puede haber violencia también- dijo Graciela. Feminicidios, homicidios, entre otros crímenes han sido parte del cotidiano de las trabajadoras sexuales. -Aquí tratamos de cuidarnos entre todas; pero no propiciamos alguna situación que nos ponga en riesgo-.

A la entrada de las estéticas el amuleto, altar, una veladora o simplemente un par de condones podrán atraer la sensación de seguridad, así lo concluye Graciela -Que nos traiga tranquilidad, pero también que nos traiga clientes-. Es un trabajo sin días festivos, ni vacaciones o contratos y la demanda, como en la historia del trabajo sexual, es la que determina la oferta.

 

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abril 1, 2019

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