Municipio de Monterrey, enemigo del rock
MÚSICA

Municipio de Monterrey, enemigo del rock

Por: Alex Castaño

No solo las bandas y su música trascienden en las vidas de las personas. La energía y el ambiente que se crean en un show en vivo se quedan grabados en la memoria colectiva de los asistentes. Además de bares, en la ciudad hay grandes salas de conciertos comerciales y genéricas. De vez en cuando nacen venues especiales e independientes que enriquecen la vida nocturna y cultural.

Sin embargo, su principal enemigo, el cuerpo de inspectores municipales, se encarga de reducirlos a cenizas con el monstruo burocrático y su sistema de corrupción. A pesar de todas las barreras, la tenacidad mantiene a muchos con la fuerza de seguir y reinventarse.

 

Naranhaus

(2016)

Iván Montes de Oca empezó el 2016 con una oficina nueva en una casa color naranja en el Barrio Antiguo; y lo terminó en las oficinas de Municipio con una multa de 30 mil pesos por hacer tocadas. En realidad la Naranhaus, como la empezaron a llamar entre amigos, no era un bar ni lugar de conciertos; apenas alcanzaba el espacio para una oficina y una sala de ensayo. Una fiesta sembró la idea de continuar armando tocadas, hacer un registro visual del evento y entrevistar a las bandas. Los 30 espectadores que cabían y los músicos se convertían en uno mismo al compartir un cuarto pequeño. “Mucha raza se sacaba de onda cuando veía que era un espacio muy chiquito. En los videos que subíamos, el lugar daba la sensación de estar más amplio”- comenta Iván. Los inspectores irrumpieron al venue, escoltados por granaderas y un pelotón de uniformados, en varias ocasiones. Les tomó ocho meses clavarle por fin una multa al Naranhaus. Las visitas de Iván a las oficinas de alcoholes se fueron multiplicando. El más afectado fue el rentero de la propiedad, que a sus 80 años tuvo que soportar una fría y lluviosa visita al Municipio que se prolongó por horas solo para no ser atendido. Al final la multa fue eliminada e Iván se conformó con tener una oficina regular. Naranhaus continúa ahora como productora de videos y haciendo tocadas con el mismo nombre en otros espacios.

Foto: Alma Vigil

Central 417

(2015 – 2017)

Cerca del mercado Mesón Estrella coexisten bodegas, cantinas y estacionamientos. Por ahí Cecilia Peña encontró un terreno para armar su proyecto. ”Abrimos Central porque nos gusta la música. Nuestros amigos tocan en bandas y vemos el esfuerzo que realizan para hacer lo que les apasiona. Era una forma de apoyarlos y participar en eso”- comenta. Central era una especie de taller de autos con un espacio amplio y al aire libre. Perfecto para las noches de verano. Ahí se formó una comunidad de bandas y promotores, preocupados más por la música que por el negocio. Pero el sonido que atraía a los asistentes llegó hasta la oficina del cuerpo de inspectores de Municipio. La primera visita fue por el permiso de espectáculos, un documento que exige la ley a todos aquellos que deseen realizar algún evento. Al final, Central no pudo afrontar la avalancha de mordidas y trámites que le impusieron.

Foto: Alma Vigil

Parián 47

(2017 – 2018)

Una casona de sillar en ruinas en el centro de Monterrey se convirtió en un refugio libre de discriminación, acoso y sexismo llamado Parián 47. Fue un espacio autogestionable. Xaúl Sandoval, Franco Arjona y Andrés Guzmán se encargaban desde la adecuación del espacio hasta la cocina y la atención a los invitados. Pronto la casona se llenó de murales y noches atiborradas de vida donde desfilaban personas que no encontraban espacios seguros para divertirse, organizarse y expresarse. “En muy poco tiempo nos convertimos en una especie de nodo de convergencia entre la cultura y la fiesta. Un lugar de completa libertad en donde no importaba tu forma de vestir o pensar siempre y cuando respetaras a los y las demás”- comenta Xaúl. Parián 47 se fue desmoronando con la ola de permisos y trámites que el Municipio exigía; sin embargo, ha sobrevivido organizando eventos con el mismo nombre y el mismo espíritu de inclusión y cero discriminación.

Foto: Leo Valderrama de VMAmx

7 Culturas, Catalina y Nuevo Houston Underground Bar (NHUB)

(2015 – 2018)

Reza el dicho: “Si no puedes con tu enemigo, únete a él” y así fue como Cristofer González quiso aproximarse a la promoción del metal, su género favorito. Comenzó a organizar tocadas con Jerry Boss, dueño del 7 Culturas, hasta que cerraron el bar. Después ambos abrieron el Catalina y más tarde el NHUB. Su disposición a organizar eventos con bandas locales transformó a estos tres venues en anfitriones de tocadas legendarias. “La relación con los inspectores era buena. Con dinero baila el perro. Si vas a tener un bar debes tener un mediador entre tú y el municipio; si lo haces directamente te la hacen eterna”- afirma Cristofer. De acuerdo con él, para domar al monstruo burocrático de Municipio debes pagar “permiso” para todo; incluso para gozar de beneficios fuera de la ley como una extensión de horario y permiso de fumar en espacios interiores, entre muchos otros. Aún así, estos proyectos tuvieron una vida promedio de dos años antes de caer ante los debacles de Municipio, renteros y otros socios.  

Foto: Alma Vigil

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abril 2, 2019

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