De profesión, roquero
MÚSICA

De profesión, roquero

El líder de la banda Rodríguez Extravaganza lucha con sus limitaciones en el umbral cruel del estrellato

Por Alex Castaño

Mientras camina por el eje central de la Ciudad de México, Zamuel Zamora va dejando teléfonos públicos descolgados para marcar su paso y no perderse. Lleva una semana sin parar de cervezas, tequila, clonazepam, mota y más de 20 tanques de cristal que lo han puesto en un estado de psicosis y paranoia. Son las cinco de la mañana de un domingo de abril del 2016. Quiere caminar hasta el aeropuerto para regresar a Monterrey y esconderse. “Nunca había probado el cristal. Le di dos o tres tanques y sentí que no me puso. No sabía que ese pedo te pone en un estado de locura bien cabrón”- platica Zamuel. Según la realidad alterada en la que anda, el gobierno, los ciudadanos, sus amigos, su familia y todo el mundo lo persiguen y lo quieren encerrar por ser brujo. La hebilla de un gallo de pelea en su cinto y el paliacate negro que usa para tapar su rostro arriba de los escenarios lo han delatado.

***

Con 1.90 metros de estatura y una complexión que impone, Cham, como le dicen desde morro, tomó ese estilo de vestir desde que se convirtió en vocalista de una banda de rock. Estudió a figuras como Mick Jagger y Robert Plant y el ejemplo de supervivencia a una vida de drogas de Keith Richards le confirmaron que podía ser roquero, vivir intoxicado y llegar a los 70 años. Así decidió enfrentar la vida mientras formaba en el 2007 junto a su primo, Israel Zamora, la banda Rodríguez Extravaganza. “Mi primo Israel toca conmadre la guitarra. Un día me dijo que le gustaba cómo cantaba y me invitó a formar la banda. Tocamos western punk. Decidimos nombrarla así en honor a un malandro de apellido Rodríguez que conocíamos desde niños y que llevaba una vida extravagante hasta que el narco se lo llevó”- comenta.

Israel Zamora Foto: Víctor Hugo Valdivia

Antes de Rodríguez Extravaganza, Cham no era ajeno a los escenarios pero tuvo un inicio exabrupto. La primera vez fue en una fiesta casera en el 2004 donde le dio la espalda al público mientras cantaba I’m the one de The Misfits. No pudo con la apenas decena de miradas sobre él. La segunda vez, en un bar del centro, prendió un cigarro al revés y no entró a tiempo con la melodía. Las cosas nunca mejoraron. Las constantes peleas con sus compañeros de banda, formada también por Jonathan Rodríguez en el bajo y su exbaterista Javier Gutiérrez “Rojo” lo situaron siempre al borde de la ruptura. Pero eso no lo detuvo para adoptar la vida del estereotipo del roquero.

En el 2014, ya con un concepto y un sonido más definido para la banda, tocaron en el escenario principal de El café iguana. Cham vio esta oportunidad como un salto para sobrepasar las tocadas en cocheras y precipitarse al vagón de la fama y el éxito. Pronto tomó la decisión de convertirse en roquero de tiempo completo. Dejó su trabajo y la escuela de leyes para enfocarse en la banda. Solía hablar de canciones, mercancía, grabaciones, giras y muchos otros proyectos que divisaba en su futuro mientras se metía cloruro de etilo en una bolsa de Soriana.

Dormía alrededor de 18 horas a la semana, pues su carrera como representante y líder de la banda lo tenía inmerso en fiestas, borracheras o atracones de estupefacientes. “Muchas veces me ponía hasta la madre nomás para callar hocicos. Me emputaba encontrarme a banda que presumía que eran atascados cuando no aguantaban mucho”. Cada accidente o desgracia que le sucedía – como la vez que chocó en su bocho por perder la conciencia tras inhalar cloruro de etilo mientras conducía-  era percibida por él como estigmas que fortalecían su imagen.

Foto: Víctor Hugo Valdivia

Mientras tanto la banda avanzaba a pasos infortunados. Sacaron dos grabaciones This is underground (2012) y Rodríguez Extravaganza (2014) y presentaron el video de la canción La última cacería incluida en el segundo EP. Pero las tensiones entre ellos no disminuían. En el 2014 otra invitación importante a tocar en un gran escenario como el del Escena llegó.

Los nervios, el poco sueño y las drogas se atravesaron de nuevo en su intención de triunfar. Los errores y fallas constantes en la voz enfurecieron a “Rojo” que interrumpió la presentación y le lanzó las baquetas por la espalda a Cham. Aún así, en sus presentaciones en vivo lo entregaba todo. Gritaba, se tiraba al piso, hacía muecas. Sentía en el alma cada verso de las canciones y disfrutaba transmitir toda la pasión que él sentía por el western, amor que había cultivado desde niño al coleccionar historietas semieróticas como El solitario, jinete sin fronteras.

En abril del 2016 un viaje al festival de rockabilly Rockcalavera en la Ciudad de México fue la excusa perfecta para alejarse de todo los problemas con su banda. No sabía que ese viaje sería el inicio del fin.

***

Ahora Cham aborda un taxi. Al no conocer la ruta, la paranoia y la psicosis vuelven a instalarse. Sin mirar al taxista, toma con una mano el volante y le dice que le pagará 400 pesos si se va directo al aeropuerto. Él cree que el chofer es parte del complot en su contra y teme que se desvíe del camino y lo entregue al gobierno.

Finalmente llega al aeropuerto, pero su aspecto demacrado de adicto al cristal, al estilo Jesse Pinkman, no lo ayuda para nada. Al percatarse de las miradas incisivas de la policía del aeropuerto, Cham publica en Facebook su situación para dejar registro. La preocupación de todos sus contactos no deja de aparecer. Se da por vencido. Se tira en el piso desconsolado y es abordado por la policía por su evidente estado de intoxicación. Su primo Israel tiene que volar a la capital de improvisto para ayudarlo.

Al regreso a Monterrey a Cham le espera una intervención familiar donde lo invitan a dejar la banda, recomponer su vida y conseguir un trabajo de abogado encorbatado. Cuando Cham cuelga en el closet oscuro de su habitación la chaqueta negra, sabe que el rock se ha acabado. Le espera un periodo difícil de rehabilitación e inserción a la vida productiva. Él lo intenta, pero sabe que volverá, después de todo Cham es un roquero, un roquero de profesión.

 

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abril 7, 2017

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