Reefer Madness: la propaganda antimarihuana que se volvió sátira
CINE

Reefer Madness: la propaganda antimarihuana que se volvió sátira

En la historia, el cine se ha usado para entretener y para dar espacio a la libre expresión; pero también como manipulación respecto a un tema, uno de ellos fue la marihuana

Por J. L. Rivera

La relación entre el cine y el cannabis es extraña. Sobre todo la de la industria norteamericana, pues, a lo largo de la historia de Estados Unidos, el cáñamo ha formado parte importante de su industria. Ya sea como elemento industrial textil o como droga recreativa, el cannabis ha jugado un papel complejo en el crecimiento de esa nación y el cine lo refleja.

Uno de los momentos más interesantes de esta relación ocurrió en la década de los 30 del siglo XX, cuando la marihuana enfrentó una fuerte campaña de criminalización y dio como resultado la elaboración de películas propagandísticas para señalar sus peligros. Esta campaña provenía del Federal Bureau of Narcotics, que desde 1930 enarbolaba una guerra sin tregua al cannabis.

Hay fuertes rumores de que esta guerra era impulsada por empresarios que veían al cáñamo como un competidor en la industria textil; pero eso es tema para otra historia. Lo relevante es que una de estas películas resultó tan mala, que se volvió de culto. Y no por las razones que sus creadores querían.

La historia es sencilla: siguiendo la pauta antimarihuana que estaba apoyándose en ese momento, un grupo religioso decidió financiar una película que pudieran usar para mostrar a los padres lo peligros de la droga.

Un productor, George Hirliman, sacó provecho de esto al darse cuenta que había dinero en estas películas y contrató como director al francés Louis J. Gasnier, quien estaba desempleado tras la muerte de su estrella Carlos Gardel. Así, el grupo religioso comenzaría la producción de una película que se titularía Tell Your Children.

La película comienza en una conferencia, donde el ponente cuenta la historia de una peligrosa banda de vendedores de marihuana que vivía en Nueva York.

Aquí comienza la historia, Mae y Jack son dos jóvenes adultos que viven juntos sin estar casados y distribuyen droga en su departamento neoyorquino en una fiesta perpetua con música de jazz.

Jack tiene un socio, Ralph, que vende droga a jóvenes. Es ahí donde entran Jimmy y Bill, dos muchachitos típicos de buena familia norteamericana. Invitados al departamento de Mae y Jack, ambos entran en el vicio de la marihuana.

Todo comienza a ir mal cuando Jimmy atropella a un anciano. Además, su hermana Mary es asesinada en el departamento (y la culpa recae en Bill). Al final, por supuesto, la policía entra en acción y todo se resuelve (excepto el crimen de Jimmy, que parece que se le olvidó al guionista). Lo interesante de Tell Your Children no es la trama en sí, sino lo increíblemente ridícula que es. Justo lo que The Room (2003, de Tommy Wiseau) es para la generación actual; Tell Your Children, o como se conoció poco después, Reefer Madness lo fue en su tiempo.

Escrita por Arthur Hoerl, pareciera que nadie había visto cómo realmente actúa la marihuana en quienes la usan, o si lo sabían, fueron obligados a exagerar al grado de que parece que los personajes usan LSD o algo psicotrópico, pues los efectos de la droga se vuelven risibles y ridículos.

No pocos han parodiado o usado escenas de la misma con fin de burla, como el video de Smoke the Sky de Motley Crue.

No podremos saber nunca si estas exageraciones y momentos cómicos fueron a propósito o involuntarios, pero quien le vio potencial como comedia fue el productor Dwain Esper. Tras el estreno, él obtuvo los derechos de distribución y le puso el llamativo y extravagante título de Reefer Madness (1936), nombre que hacía patente que el asunto no era tan en serio y sus espectadores la vieron más como una sátira que como algo dramático.

Al final de cuentas, el gobierno ganó y en 1937 entró en vigor una nueva ley de tasación de la marihuana que volvió ilegal la posesión de cannabis en Estados Unidos. Aunque es poco probable que Reefer Madness (y películas similares con títulos tan espeluznantes como Assassin of Youth de 1937) haya tenido algo que ver con eso, la película sí se volvió infame para algunos de los involucrados.

La actriz Thelma White, quien daba vida a Mae, siempre dijo que estar en la cinta había arruinado su carrera; y aunque para Gasnier fue sólo el principio de su etapa en el cine de bajo presupuesto, es ahora la película más famosa de toda su obra.

Lo que es un hecho es que Reefer Madness tiene el efecto contrario a lo que sus religiosos productores esperaban: el mundo de Jimmy y Bill es insípido y aburrido hasta que entran en el alegre y musical departamento de los traficantes. En efecto, sus crímenes son serios (aunque están filmados de forma muy graciosa), pero la película maneja el tema como una gran farsa.

La escena final donde el conferencista reaparece para decir que el próximo muchacho podría ser el hijo de la audiencia mientras señala la cámara, es una escena que ha sido parodiada hasta por los Simpsons.

Después de su estreno, Reefer Madness encontró un hogar entre los aficionados al cine de serie B e incluso representó el primer éxito para una joven empresa que en 1967 buscaba distribuir cine independiente entre universitarios: New Line Cinema (naturalmente, en los 60 la película ya se veía como una sátira mal lograda).

Tiempo después, esta compañía sería el estudio detrás de clásicos como A Nightmare on Elm Street o la trilogía de The Lord of The Rings, así que se puede decir que algo bueno salió de eso. Uno nunca sabe para quien trabaja.

Es muy fácil encontrar Reefer Madness en Internet pues es del dominio público. Se disfruta su mala calidad y el humor involuntario que conlleva una película donde el efecto de la marihuana parece ser una cantidad enorme de humo, risas mal actuadas y un rush más parecido al de un estimulante más fuerte que al de un amigable toque de mota.

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abril 23, 2020

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