Poetazos, leer poesía es tan normal como comprarse unas papitas
ARTE

Poetazos, leer poesía es tan normal como comprarse unas papitas

El formato pequeño de los Poetazos es como el tentempié para llegar no solo a la lectura de libros de cientos de hojas, sino también a la escritura

Texto y fotos: César “Kaizar” Cantú

“Explica en breve lo que son los poetazos”, le pido a Rafael Aldrete, editor de Onomatopeya Producchons (así como lo oyes) y co-creador de la colección Poetazos.

“La octava maravilla”, responde. “Más breve no puedo ser”.

“¿Del mundo? ¿Del país? ¿Del estado?, pregunto.

“No te limites; del universo. Del universo conocido. Le voy a dar chance a los otros multiversos”.

Poetazos es una colección de mini-plaquettes de cuento y poesía acompañadas por cacahuates, mazapán y otros dulces (“Porque la poesía sí vale un cacahuate”, dice Rafa). Los poetazos cuelgan de un palo alargado que Rafa corona con carteles que anuncian el precio (40 pesos por poetazo) y que trae paseando, cuan dulcero ambulante, entre ferias del libro y otros eventos culturales.

El proyecto comenzó en 1995, en Chihuahua, cuando la crisis económica que azotó al país forzó el cierre de diversos espacios culturales, obligando a Rafa Aldrete y a su tocayo (Rafael Ávila) a buscar dónde publicar su propia obra y la de otros autores emergentes. De esa necesidad salió Poetazos, que circuló autores nuevos y no tan nuevos hasta el año 2000, cuando el proyecto tomó un largo descanso. Fue hasta 2014 que los Poetazos volvieron a entrar en circulación, reubicándose (con todo y Rafa) en Monterrey. Desde entonces no han parado de salir obras nuevas.

Rafa explica que aunque el proyecto trae una actitud bastante lúdica, no está peleado con la solemnidad común en el ámbito literario/cultural. Al contrario: el juego busca complementar la seriedad de los libros para abrir brecha. “La idea de Poetazos es que se generen otros lectores hacia la obra de todos los escritores; también los serios, ¿no? Puede ser el escaparate, o si quieres la degustación de un buen autor”.

 A la noción de juego se añade la de cotidianidad; la lectura como un acto normal.

“Claro, no es normal”, dice Rafa entre risas.

“¿Pero tan normal como comerse un mazapán?”, pregunto.

“O comprar unas papitas, ¿no? Bueno, ya si te quieres tantito te vas a comprar unas papitas con un Marisol Vera Guerra. Adicionadas de Marisol. O de Yolanda de Montemayor. O deja ya te leo todos”.

Según Rafa, una de las grandes ambiciones de Poetazos es fomentar una cultura no sólo lectora, sino escritora. Que la gente se acerque a la escritura como un acto posible, que no es único que seres especiales, sino inherente a las personas en general.

“Hay gente, además, que nunca ha pensado en ser escritor y es mucho mejor escritor que algunos de nuestros escritores”, dice. “Entonces la idea también es que esto parezca una flor y que los atraiga, y que salgan todos a la luz. A la larga (así, somos muy presuntuosos), quisiéramos tener una antología del momento en el que vivimos y de la ciudad en que vivimos”.

Lo que se quiere con Poetazos, a fin de cuentas, es la democratización de la escritura, la extensión del término “escritor” más allá de un ser bendecido por las musas. Apertura y oportunidad. “El chiste es que hay mucha gente que escribe y hay mucha gente que pudiera escribir y que no sabe que escribe y que serían buenos escritores, y necesitan un lugar dónde estar, y sus ideas deben ser leídas. Y este es el lugar donde puede suceder eso. Y así. Así más o menos”.

       

           

 

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mayo 16, 2017

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